Esperanza – 12 DIC

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ORA

Tu Señor eres mi Rey, eres Rey eterno, te alabo y te exalto para siempre.

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El castigo a Israel

 

No te alegres, Israel;
    no hagas fiesta como las naciones.
Porque te has prostituido:
    ¡le has sido infiel a tu Dios!
Prefieres la paga de prostituta
    que recibes en todos los trigales.
Ni el trigo ni las uvas podrán alimentarlos;
    el vino nuevo no tendrá el gusto que esperaban.
No habitarán en la tierra del Señor;
    Efraín regresará a Egipto
    y comerá inmundicias en Asiria.
No le ofrecerán al Señor más libaciones de vino,
    ni le serán gratos sus sacrificios.
Se les volverá pan de lágrimas;
    quienes lo coman quedarán impuros.
Tal vez les sirva para matar el hambre,
    pero no tendrá cabida en la casa del Señor.

¿Qué harán ustedes en los días de fiesta,
    o en las peregrinaciones en honor del Señor?
Aunque escapen de la destrucción,
    los recogerá Egipto y los enterrará Menfis.
Sus tesoros de plata se llenarán de ortigas,
    y los espinos invadirán sus carpas.
Han llegado los días del castigo,
    han llegado los días de la retribución.
    ¡Que lo sepa Israel!
Es tan grande tu maldad,
    y tan intensa tu hostilidad,
que al profeta se le tiene por necio,
    y al hombre inspirado por loco.
El profeta, junto con Dios,
    es el centinela de Efraín,
pero enfrenta trampas en todos sus caminos,
    y hostilidad en la casa de su Dios.
Han llegado al colmo de la corrupción,
    como en los días de Guibeá;
¡pero Dios se acordará de sus perversidades
    y los castigará por sus pecados!

10 «Cuando encontré a Israel,
    fue como hallar uvas en el desierto;
cuando vi a sus antepasados,
    fue como ver higos tiernos en la higuera.
Pero ellos se fueron a Baal Peor
    y se entregaron a la vergüenza;
¡se volvieron tan detestables
    como el objeto de su amor!
11 El esplendor de Efraín saldrá volando, como un ave;
    no habrá más concepción ni embarazo ni nacimiento.
12 Y aun cuando vean crecer a sus hijos,
    yo los arrebataré de este mundo.
    ¡Ay de ellos cuando los abandone!
13 He visto a Efraín y a Tiro plantados en una pradera.
    ¡Pero Efraín entregará sus hijos al verdugo!»

14 Dales, Señor … ¿qué les darás?
    ¡Dales vientres que aborten y pechos resecos!

15 «Toda su maldad comenzó en Guilgal;
    allí comencé a aborrecerlos.
Por causa de sus maldades,
    los expulsaré de mi casa.
No volveré a amarlos,
    pues todas sus autoridades son rebeldes.
16 Efraín se ha marchitado:
    su raíz se secó y no produce fruto.
Aunque llegue a tener hijos,
    mataré el precioso fruto de su vientre».

17 Como no lo obedecieron, mi Dios los rechazará;
    ¡andarán errantes entre las naciones!

10 Israel era una vid frondosa
    que daba fruto a su antojo.
Pero cuanto más aumentaba su fruto,
    más altares se construía;
cuanto más prosperaba su país,
    más hermosas hacía sus piedras sagradas.
Su corazón es escurridizo,
    pero tendrá que cargar con su culpa.
El Señor destrozará sus altares
    y devastará sus piedras sagradas.

Tal vez dirán: «No hemos temido al Señor,
    y por eso no tenemos rey.
Pero, aun si lo tuviéramos,
    ¿qué podría hacer por nosotros?»
Hablan solo por hablar;
    juran en falso y hacen tratos;
¡por eso florecen los pleitos
    como la mala yerba en el campo!
Temen los moradores de Samaria
    por el becerro que adoran en Bet Avén.
El pueblo del becerro hará duelo por él,
    lo mismo que sus sacerdotes idólatras.
Harán lamentos por su esplendor,
    porque se lo llevarán al destierro.
El becerro será llevado a Asiria
    como tributo para el gran rey.
Efraín quedará avergonzado;
    Israel se avergonzará de sus ídolos.
Samaria y su rey desaparecerán
    como rama arrastrada por el agua.
Serán destruidos sus santuarios paganos,
    lugares de pecado de Israel.
    ¡Cardos y espinos crecerán sobre sus altares!
Entonces dirán a las montañas: «¡Cúbrannos!»,
    y a las colinas: «¡Caigan sobre nosotros!»

«Tú, Israel, has venido pecando
    desde los días de Guibeá,
    y allí te has mantenido.
¡En Guibeá la guerra
    tomará por sorpresa a los malvados!
10 Cuando yo quiera, los castigaré;
    entonces las naciones se juntarán contra ellos
    para aprisionarlos por su doble perversión.
11 Efraín es una novilla adiestrada
    a la que le gusta trillar,
    pero yo no quise ponerle el yugo.
Pero ahora voy a uncir a Efraín,
    y Judá tendrá que arar,
    y Jacob emparejará la tierra».

12 ¡Siembren para ustedes justicia!
    ¡Cosechen el fruto del amor,
    y pónganse a labrar el barbecho!
¡Ya es tiempo de buscar al Señor!,
    hasta que él venga y les envíe lluvias de justicia.
13 Pero ustedes sembraron maldad, cosecharon crímenes
    y comieron el fruto de la mentira,
porque confiaron en sus carros
    y en la multitud de sus guerreros.
14 Un estruendo de guerra se levantará contra su pueblo,
    y todas sus fortalezas serán devastadas,
como devastó Salmán a Bet Arbel en el día de la batalla,
    cuando las madres fueron destrozadas
    junto con sus hijos.
15 Esto es lo que Betel les hizo a ustedes,
    a causa de su extrema maldad.
¡Pues el rey de Israel será destruido por completo
    en cuanto amanezca!

 

El amor de Dios por Israel

 

11 «Desde que Israel era niño, yo lo amé;
    de Egipto llamé a mi hijo.
Pero cuanto más lo llamaba,
    más se alejaba de mí.
Ofrecía sacrificios a sus falsos dioses
    y quemaba incienso a las imágenes.
Yo fui quien enseñó a caminar a Efraín;
    yo fui quien lo tomó de la mano.
Pero él no quiso reconocer
    que era yo quien lo sanaba.
Lo atraje con cuerdas de ternura,
    lo atraje con lazos de amor.
Le quité de la cerviz el yugo,
    y con ternura me acerqué para alimentarlo.

»No volverán a Egipto,
    sino que Asiria reinará sobre ellos,
    porque no quisieron volverse a mí.
En sus ciudades se blandirán espadas,
    que destrozarán los barrotes de sus puertas
    y acabarán con sus planes.
Mi pueblo está resuelto a renegar de mi nombre;
    por eso, aunque me invoquen, no los exaltaré.

»¿Cómo podría yo entregarte, Efraín?
    ¿Cómo podría abandonarte, Israel?
¡Yo no podría entregarte como entregué a Admá!
    ¡Yo no podría abandonarte como a Zeboyín!
Dentro de mí, el corazón me da vuelcos,
    y se me conmueven las entrañas.
Pero no daré rienda suelta a mi ira,
    ni volveré a destruir a Efraín.
Porque en medio de ti no está un hombre,
    sino estoy yo, el Dios santo,
    y no atacaré la ciudad».

10 El Señor rugirá como león,
    y ellos lo seguirán.
Cuando el Señor lance su rugido,
    sus hijos vendrán temblando de occidente.

11 «Vendrán desde Egipto, temblando como aves;
    vendrán desde Asiria, temblando como palomas,
    y yo los estableceré en sus casas
            —afirma el Señor—.

 

El pecado de Israel

 

12 »Efraín me ha rodeado de mentiras,
    y el reino de Israel con fraude;
Judá anda errante, lejos de Dios;
    ¡lejos del Dios santísimo y fiel!

A la iglesia de Sardis

 

»Escribe al ángel de la iglesia de Sardis:

Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes fama de estar vivo, pero en realidad estás muerto. ¡Despierta! Reaviva lo que aún es rescatable, pues no he encontrado que tus obras sean perfectas delante de mi Dios. Así que recuerda lo que has recibido y oído; obedécelo y arrepiéntete. Si no te mantienes despierto, cuando menos lo esperes caeré sobre ti como un ladrón.

Sin embargo, tienes en Sardis a unos cuantos que no se han manchado la ropa. Ellos, por ser dignos, andarán conmigo vestidos de blanco. El que salga vencedor se vestirá de blanco. Jamás borraré su nombre del libro de la vida, sino que reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

 

A la iglesia de Filadelfia

 

»Escribe al ángel de la iglesia de Filadelfia:

Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir: Conozco tus obras. Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre. Voy a hacer que los de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos, pero que en realidad mienten, vayan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. 10 Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra.

11 Vengo pronto. Aférrate a lo que tienes, para que nadie te quite la corona. 12 Al que salga vencedor lo haré columna del templo de mi Dios, y ya no saldrá jamás de allí. Sobre él grabaré el nombre de mi Dios y el nombre de la nueva Jerusalén, ciudad de mi Dios, la que baja del cielo de parte de mi Dios; y también grabaré sobre él mi nombre nuevo. 13 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

 

A la iglesia de Laodicea

 

14 »Escribe al ángel de la iglesia de Laodicea:

Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el soberano de la creación de Dios: 15 Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! 16 Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca. 17 Dices: “Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de cuán infeliz y miserable, pobre, ciego y desnudo eres tú. 18 Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico; ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista.

19 Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete. 20 Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.

21 Al que salga vencedor le daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono, como también yo vencí y me senté con mi Padre en su trono. 22 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias».

Marcos Witt - Medley Navideño

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¿Quién es el Rey de tu corazón? Exalta a Dios y alábalo con tu boca. #2018ReformaIntegral


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